Cinco cosas que hay que saber de Larraín, la nueva estrella del cine chileno

El director de cine chileno Pablo Larraín se ha inspirado para sus últimos trabajos en hitos secreto de la historia flamante de su país, pero con “Jackie” dió el brinco internacional que le ha permitido rodar en inglés.

A sus 40 abriles, y con películas como “No”, “Neruda” y ahora “Jackie”, este hijo de prominentes políticos de la derecha chilena y antipinochetista convencido ha regalado una observación personal de la historia, desprovista de prejuicios e ideas preconcebidas.

La historia al cine

“Olvida lo que sabes”, rezaban los afiches que promocionaron “Neruda”, una frase que alerta al espectador sobre el descanso creativo y sin ataduras que utiliza Larraín en su películas. El resultado: personajes y hechos conocidos por todos toman una nueva dimensión.

Con “No” (2012), su primer gran éxito, Larraín mostró sus garras construyendo su particular visión sobre el referéndum del 5 de octubre de 1988 que puso fin a la dictadura de Venerable Pinochet (1973-1990) dos abriles luego.

Sin complejos, sacó fuera los tintes épicos de la lucha social -lo que le ganó numerosas críticas en Pimiento- y eligió contar la historia desde los fanales de René Saavedra, un exitoso publicista que enfrenta la campaña por el no como una más.

Mimado de la crítica

Con “Fuga” (2005) se estrenó en la gran pantalla, pero su romance con los críticos comenzó con “Tony Manero” (2008).

La película retrata la vida de un hombre obsesionado con el personaje encarnado por John Travolta en la película “Fiebre de sábado por la sombra” en plena dictadura de Pinochet, un relato que conquistó al Festival de Turín y La Habana, entre otros.

Abriles más tarde llegó “No”, que tocó el Paraíso en Hollywood al ser la primera película chilena nominada a un Óscar.

A posteriori volvió a vivir titulares con “El Club”, centrada en un camarilla de pecadores sacerdotes católicos confinados por la iglesia en una casa de pueblo para purgar sus pecados.

Vencedor del Oso de Plata-Gran Premio del Delegación en el Festival de Berlín en 2015 y nominado a los Aeróstato de Oro de 2016,  “El Club” le dio a Larraín un empuje en dirección a la cima que se asentó con la venida de “Neruda”.

La película sobre un hecho secreto en la vida política del poeta y premio Nobel de Humanidades Pablo Neruda le valió a Larraín una nueva nominación a los Globos de Oro.

Idolatrado por sus actores

Larraín contó con Gael García Bernal para “No” y “Neruda”. “Siento que lo que logró Pablo con esta película en realidad es un malabar y una voltereta creativa impresionante”, comentó el actor a Emol en medio de la promoción de “Neruda”.

La película reconstruye la persecución implacable a la que el gobierno de Gabriel González Videla sometió al poeta a finales de los abriles 40, un filme policíaco que aborda el banda más humano y no siempre poético del premio Nobel de Humanidades.

En su última película, el director descansa en el talento de Natalie Portman, nominada al Óscar de mejor actriz, para contar la vida de la icónica primera dama estadounidense Jacqueline Kennedy tras el homicidio de su marido.

Para Portman no hay dudas: Larraín “es un soñador. Te dirige y, simultáneamente, está despejado a tus propuestas, a tus ideas. Es un socio creativo de talla”.

Productor de éxito

El chileno, director y asimismo libretista de sus películas, ha formado yuxtapuesto a su hermano Juan de Todopoderoso la productora Leyenda, una plataforma para sacar delante sus proyectos y promover trabajos del pujante cine chileno.

Un cine latino honesto

“No hay que ser autocomplaciente y (pensar) que hacemos películas fantásticas; creo que hacemos cosas buenas pero que nos error”, comentó Larraín en entrevista con la AFP en 2015, al ser consultado sobre el cine iberoamericano.

Para el cineasta las películas del sur “necesitan tener una identidad muy esforzado, tienen que ser honestas y películas que sean fuertes para poder conectar con una audiencia” acostumbrada a las grandes producciones de Hollywood.