Comer compulsivamente en México, un trastorno que gusta del anonimato

EFE.-

El trastorno por atracón, consiste en la incapacidad de controlar la ingesta de comida, lleva a comportamientos impulsivos. Los que lo padecen suelen incurrir en el anonimato asistiendo a sesiones de automóvil ayuda antaño que ir con un práctico.

“La comida era mi compañía, mi alivio”, “Saqueo mi refrigerador”, “Veo que traigo disposición a la tragonería” o “Escondí toda la comida para comérmela yo”, son algunas de las confesiones que se escuchan en la asociación Comedores Compulsivos Anónimos (CCA) de México.

Las personas que sufren el trastorno “no saben identificar sus sentimientos”, poco que en términos de psicología se conoce como alexitimia, precisa la coordinadora del Radio de Investigación en Trastorno de la Conducta del Hospital Ángeles, Ivonne de la Vega.

Esto les lleva a cubrir esta carencia con comida, llevándose a la boca lo primero que tienen a mano.

No es tan sencillo para estas personas presentarse con el psicólogo, ya que hay un sentimiento de vergüenza, reconoce De la Vega. Es lo que les lleva a comparecer a grupos donde pueden proteger su identidad y conocer a personas como ellos.

Julieta, una mujer con sobrepeso que ronda los 50 abriles, palabra con Efe de su carencia de “residir para los demás” y cómo eso le acabó generando trastornos alimenticios.

Cuando acudió a un médico por un problema de voracidad de su hija, Julieta quedó perpleja cuando éste le “abrió los luceros” al preguntarle cómo se sentía ella.

El doctor les recomendó un psiquiatra, pero al enterarse de la existencia de grupos de automóvil ayuda optaron por comparecer a la asociación.

Allí Julieta descubrió emociones reprimidas durante abriles que habían derivado en trastornos alimenticios. Durante las sesiones, relató su relación con sus padres y los castigos a los que la sometían por manducar.

Cayó presa de la anorexia “para darles distinción”. “Casi no comía, no desayunaba y siquiera cenaba. Así no engordaba”, recuerda.

“Luego pasé a la voracidad porque no podía frenar con fuerza de voluntad mi apetito”, explica, llegando a la conclusión de que todo formaba parte de lo mismo: carencia de seducir a los demás.

“Los sábados y domingos me refugiaba en la comida, en los excesos”, detalla Julieta, quien rehuyó de ir a un psicólogo, ya que “no iba a comprender ese ámbito tan íntima”.

“La diferencia de estar en un género es que los que estamos nos identificamos”, expresa.

Otra de las asistentes, Isabel, de pelo corto y tez blanquecina -que cuando llegó a la asociación “pesaba más de cien kilos”-, expresa a Efe que los vacíos emocionales “los cubría con comida”.

Cuando llegó CCA, cuenta que “estaba desquiciada”, presentaba crisis nerviosas y padecía de neurosis que la bloqueaban, llegando a distinguir que “iba a ir a un manicomio o a la prisión” por su trastorno.

Explica que cuando comía de forma compulsiva la invadía la desliz y “estallaba” iracunda, se enfadaba por todo, pero conocer a otras personas con su mismo problema no solo la tranquilizó, sino que pudo desmontar de peso “gracias a un plan de alimentos”.

“Fue tan hermoso resistir a un género y memorizar que había personas como yo, comedores compulsivos”, afirma al rememorar que durante los primeros meses fue difícil acatar las normas de CCA.

El trastorno por atracón lleva en ocasiones a una conducta vergonzosa, cubo el comportamiento impulsivo de los que lo sufren.

Así lo reconoce a Efe Óscar, un hombre de vida destacamento que llegó a tener conductas antisociales que le hacían aislarse de la parentela.

“Prefería no convivir con las personas, prefería residir separado. A lo mejor nadie me criticaba, pero me criticaba yo mismo”, asegura.

Óscar recuerda que en una ocasión, sentado en una mesa con mucha parentela, llegó a “esconder la comida” para él. “La dueña preguntó por los tamales y yo fui el primero que dije no he sido yo”, reconoce avergonzado por sus mentiras.

Cuando llegó a la asociación, le ofrecieron ayuda basada en tres pilares fundamentales: “medicina, psiquiatría y religión”.

“Las herramientas que me ofrecen son básicamente los legados que vienen de Alcohólicos Anónimos, que son la recuperación, la catarsis, mecanismo y servicio”, explica.

Las personas que acuden a la asociación, pese a insistir que no tienen ninguna rivalidad con la opiniones médicas, encuentran un alivio en el entendimiento con otras personas que además esconden su identidad para desatar sus emociones más ocultas. EFE