El mal sexo en casa justifica una infidelidad

Cuando en casa o con la pareja estable hay conflictos, mal humor y problemas para establecer cierta regularidad en la frecuencia sexual, comienzan a disminuir los encuentros sexuales. Pasan semanas, incluso meses, y no hay sexo. Las excusas se vuelven cotidianas, siempre aparece un dolor o la marcha de deseo, los chicos ocupan el medio de la cama. Tal vez incluso hay sexo, pero no tiene la misma intensidad del principio, hay un desencuentro amoroso, no llega el clímax, no se disfruta como antaño, reseño el observador.

 

Sólo un proveedor, de sexo, ni hablemos

 

El sentimiento es de no tener intención. En este caso, el novio comienza con cierta ansiedad manifiesta respecto a si hay no hay bienquerencia, si hay desgano. Al principio indagación a su compañera intentando encontrar la respuesta, luego, con el tiempo, empieza a hastiarse de la situación de rechazo y entiende que solo es abastecedor en esa casa, y padre de los hijos. Es cuando comienza la lucha consigo mismo, preguntándose si a otra mujer le interesaría el sexo con él, prueba sin expectativas, solo para ver cómo es, para probarse a sí mismo y elevar su autoestima.

 

Mal apurar

 

Tuvo un mal desempeño esa perplejidad, por cansancio, por estrés, por errata de deseo. Esto deriva en el rechazo por parte de su pareja. Entonces, aparecen las ideas persecutorias acerca de probarse a sí mismo que puede, ¿no padeceré una enfermedad sexual? ¿Impotencia? Y lo primero que viene a la individuo es apañarse a otra, la primera vez es con desliz, pero se auto-convence que solo es para ver qué es lo que le sucede.

 

La previa de la separación

 

Este hombre, que es infiel, necesita apañarse una excusa para poder terminar con su bodorrio. La vida íntima no es placentera, y ha antitético que ya no desea tumbarse con su mujer, y a veces es popular que cambie de cuarto porque prefiere tumbarse solo. En este caso la infidelidad es un guindola que le permite salir de la relación: cuando lo descubran, se termina todo.

 

Esa desesperada búsqueda del culminación

 

Una mujer tiene un bodorrio de larga data y nunca ha tenido un clímax. Las amigas cuentan anécdotas en las que sienten intensos orgasmos, el sexo les produce satisfacción. En común el tercero aparece en forma casual, sin buscarlo, y acepta ser infiel… en la búsqueda del clímax.

 

El tercero en discordia

 

La mujer que tiene una pareja estable, pero con el cual no disfruta de su sexualidad (en existencia nunca disfrutó, no se llevan acertadamente en la cama por errata de feeling, mala sincronización, etc.). Entonces tiene un amigo como concubina, lo lleva a la casa, lo involucra con su comunidad, lo hace amigo de su marido y, en algunos casos, lo convence de hacer un trío.

 

La conclusión a posteriori de atender diferentes pacientes que han llegado a la consulta preocupados por sus experiencias amorosas, sus fracasos, pérdidas, traiciones y desamores, es que muchos hombres no todos, claro suelen tener parejas paralelas durante mucho tiempo y pueden suministrar relaciones sexuales con ambas mujeres sin que se note. Arman viajes de negocios, y van con su concubina.

 

Esas relaciones se sostienen desde la ilusión, pero cuando pasa el tiempo la concubina se cansa de esperar que se cumplan las promesas. Sacando estos casos, y sin importar el clase: la transgresión suele ser un incentivo sexual poderoso, el mejor estímulo para revivir el bienquerencia interiormente de la pareja y quizá el deseo. Siempre lo nuevo despierta los sentidos; el sexo rutinario a veces lleva a frustraciones y los amantes despiertan la libido.