El pan que deberías de comer

Desde distintos frentes, se ha desatado una sobresalto correcto al error de incorporar productos sin gluten en la dieta de personas no diagnosticadas como celíacas. Tal disyuntiva se plinto en el tabú que supone relacionar el gluten con la obesidad. Una dieta carente de gluten, no significa que sea más equilibrada. Optar por tales alimentos, en algunos casos, puede implicar ingerir más calorías por los sustitutivos con los que se preparan.

A raíz, sin secuestro, de la publicación de un nuevo ejemplar, se ha despertado el interés por los supuestos posesiones contraproducentes, presentes en productos como el pan, de una sustancia sobre la que hasta ahora no se había hablado tanto.

La obra en cuestión es ‘The Plant Paradox: The Hidden Dangers in “Healthy” Foods That Cause Disease and Weight Gain’, y la sustancia en el punto de mira es la lectina.

Quien está detrás de esta teoría es el doctor Steven Gundry, antiguo presidente de cirujía cardiotorácica de la Universidad Montículo Linda en California. En olfato de la difusión que está recibiendo este caso, ¿debemos emprender a tomarnos en serio la lectina a la hora de nominar los alimentos que añadimos al carrito o se prostitución de otro temor infundado?

¿Qué son las lectinas?

Un tipo de proteínas que está en mayores proporciones en alimentos como los cereales, los tomates, las lentejas, las legumbres o algunos lácteos. Los seres humanos no las podemos digerir y su consumo frecuente puede dañar el revestimiento del sistema digestivo, relacionándose su consumo con algunas enfermedades autoinmunes.

Gundry explica en su obra cómo “las plantas se defienden de ser consumidas por los seres humanos y la ingesta de las especies inapropiadas, en el momento inadecuado, puede perjudicar a nuestra vigor”.

Las lectinas tienen propiedades tóxicas e inflamatorias y su ingesta puede provocar síntomas como vómitos, diarrea y dolor intestinal. “Las lectinas están diseñadas por la naturaleza para guarecerse contra los depredadores. Una vez consumidas, desatan toda una conflagración química en nuestro organismo, causando reacciones inflamatorias que pueden conducir a una beneficio de peso y a serios problemas de vigor”.

¿Una sólida preocupación?

Tabloides británicos como ‘The Independent’ o el blog especializado en viandas ‘PureWow’ hablan de la importante presencia de la sustancia en el pan, derivada de la matería prima con la que se elabora: los cereales. Se han llevado así al extremo las teorías de Gundry y se ha empezado a desplazar la atención con destino a ciertos sustitutivos, como un producto conocido como ‘Barely Bread’ carente de estas sospechosas proteínas.

Alimento fabricado, entre otros ingredientes, por claras de huevo y harinas extraídas de almendras, coco, avellanas y patatas, huyendo del proceso de fabricación de este tipo de cereales. Los medios reconocen que la textura no es la misma que la del pan global, aunque tostado o untado con los típicos acompañamientos, la diferencia no se nota al punto que.

¿Es el pan la nueva oveja negra de la viandas, como lo fue antiguamente la calostro? ¿Se quieren despabilarse ahora sustitutos con el fin de traicionar una nueva categoría de productos saludables? Lo cierto es que las lectinas se degradan al ser cocinadas y sus cantidades se pueden disminuir igualmente gracias a otros procesos como el remojo, la nacimiento y la fermentación.

Casi todos los alimentos que consumimos han pasado por alguno de estos procedimientos, por lo que la ingesta final de lectinas debería ser muy desprecio. La mayoría de los nutricionistas consideran, por dicho motivo, que no deberían representar aventura alguno para la vigor de la mayoría.

Con todo, el tiempo dirá si en el futuro las estanterías de los supermercados se encontrarán repletas de nuevos productos “libres de lectinas” o todo se queda en una teoría infundada. (Fuente: http://eltubazo.com.ve)

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