El riesgo de cáncer que emana del suelo

El tabaco es la principal causa de cáncer de pulmón como es adecuadamente conocido y, la segunda, es el radón, un gas radiactivo de origen natural cuya presencia en las viviendas en grandes concentraciones eleva el aventura de padecer un tumor.

Aunque la Estructura Mundial de la Salubridad (OMS) lleva casi cuatro décadas advirtiendo de los mercadería del radón, los expertos reconocen que el nivel de conocimiento del notorio en caudillo es muy bajo.
Los científicos quizás comunicamos esto en términos científicos, pero no en términos que la masa entiende. El mensaje claro debería ser: Es un potencial aventura para la vitalidad y deberías aprender si estás en aventura y, si lo estás, hacer poco, explica el caudillo de la división de protección radiológica del OIEA.
Este hábil del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) señala que la masa se preocupa mucho más de la radiación que procede de operaciones nucleares industriales, pese a ser pequeño y suponer menos aventura, que del radón, responsable del 40 % de media de la dosis de radiación que recibe una persona.
El radón es un gas incoloro e inodoro producto de la desintegración del cósmico y del torio, presente en casi todos los suelos y rocas.
Puede penetrar en las viviendas por grietas, poros en el suelo o a través de las tuberías y conductos y, en elevadas concentraciones, aumenta el aventura de cáncer de pulmón.
La OMS estima que entre el 3 y el 14 % de los casos de cáncer de pulmón es atribuible al radón. Y es la primera causa de esta enfermedad entre quienes no han fumado nunca.
“Quienes fuman y están expuestos al radón tienen mucho más aventura que aquellos expuestos a una sola fuente”, recuerda Colgan. Y agrega “como broma, decimos: deja de fumar y el caudal que te ahorras los gastas en arreglar tu casa contra el radón”.
La cantidad de cósmico en la roca mama sobre la que está la vivienda y la forma en la que está construida son los principios que determinan el nivel de concentración del gas.
Por eso, Colgan aclara que radicar en un ámbito geológica donde hay altos niveles de radón, no significa que vaya a estar en una vivienda concreta.
Colgan recuerda que otras fuentes de radón pueden ser el agua y los materiales de construcción, como piedras naturales, ladrillos o escayolas con presencia de radionucleídos del radón.
Estas fuentes, sin requisa, son menos importantes.
Al ser un gas que emana del suelo, se va diluyendo con la prestigio, por lo que la presencia en los pisos superiores es pequeño, a no ser que su origen sea el material de construcción.
“La única forma de saberlo es medirlo”, explica Colgan. Aclara que ese control puede hacerse con unos pequeños aparatos que se colocan en una habitación durante un número de meses.
El 95% de la población puede estar tranquila: puede acontecer presencia de radón en sus viviendas, pero no en niveles elevados, dijo el responsable del OIEA.
“Si los títulos medios están por encima de la norma, eso no significa que vayas a vencer a la mañana venidero, todo lo que significa es que hay un aventura maduro. Y si son muy, muy altos, entonces deberías tomar medidas un poco más rápido”, explica.
La medida más inmediata es reparar agujeros y grietas en el suelo o en las tuberías y todo lo que conecta la vivienda con el subsuelo.
Todavía se pueden colocar membranas o barreras y hay sistemas de ventilación del espacio entre el suelo y la vivienda o de despresurización del suelo que invierten la diferencia de presión entre el foráneo y el espacio habitado.
Para este hábil es esencial que los profesionales de la casa y la construcción estén formados sobre el tema.
Respecto a la código, Colgan explica que el OIEA, como organismo técnico de la ONU, no puede decirle a los países qué tienen que hacer, aunque sí existe una orientación de seguridad con normas y criterios que cada Estado puede incluir en sus planes nacionales.
En este sentido Colgan califica como “consistente” con las recomendaciones del OIEA la directiva aprobada por la Unión Europea en 2013 y que entrará en vigor en febrero de 2018. (EFE)