Es vital aprender a descifrar las etiquetas de los alimentos

Siempre se ha dicho que a la hora de comprar los alimentos, debemos fijarnos en las etiquetas para comprobar la composición. Extraemos un artículo, que nos envía la revista MuyBio

Las etiquetas de los alimentos son indescifrables.

No sabemos positivamente lo que llevan los alimentos y sólo podremos averiguarlo si aprendemos a descifrarlas. No deberíamos abandonarse en lo que dice la publicidad.

Su objetivo no es velar por nuestra vitalidad

Poco que se toma por “zumo” puede ser solo agua y azúcar; lo que se considera “pinrel”: gordura de palma con colorantes; una “sopa” deshidratada: sal y potenciadores del sabor. Así podría seguir con miles de productos. Por otra parte, suelen estar cargados de aditivos.

¿Está hablando de marcas sin pedigrí?

Estoy hablando todavía de marcas conocidas. Muchos alimentos aparentan cualidades que no tienen, por ejemplo: casi la totalidad de yogures con fruta sólo llevan aromas y colorantes.

Difícil entender lo que es E-102 Tartracina

Cierto, pero hay que hacer un esfuerzo. Todavía se utilizan sinónimos que despistan; por ejemplo, el azúcar puede aparecer como “apresto”, “dextrina”, “fructosa”, “galactosa”, “medicina de arroz”, “lactosa”, “maltodextrina”, “maltosa”, y un liberal etcétera.

Y la parte de los aditivos puede sonarnos a chino. Sólo descubrir nombres como butilhidroxianisol nos puede dejar la piel de pita, y cuando encontramos números E como el E-621, nos empezamos a preguntar qué diantres hacemos leyendo eso.

Pero son sustancias legales

¿Se le ha ocurrido pensar qué se mete en el cuerpo cuando desayuna un café con cuajo o cuajo chocolateada con una habitación de pastelería, incluso un croissant artesano?

Un preparado de jaleo es básicamente azúcar, muchas veces más del 75%, y la habitación de pastelería contiene de forma habitual una gran cantidad de gordura de palma hidrogenada y azúcar, encima de diversos aditivos como emulgentes, antioxidantes, conservantes, colorantes, emulsionantes, edulcorantes y aromas.

¿Mejor una tostada con margarina?

Casi todas las margarinas son gordura vegetal hidrogenada con colorantes, aromas y aditivos, mejor el unto de oliva. Y la rebanada de pan de molde suele resistir mucho azúcar, aceites y aditivos; no es sólo harina, agua, fermento y sal.

Aditivo es una palabra misteriosa

Son productos que se añaden a veces de forma indiscriminada a los alimentos, algunos innecesarios como los colorantes y los potenciadores del sabor (que pueden conmover a ser adictivos).

¿Y son perjudiciales para la vitalidad?

Todos los aditivos pueden ser perjudiciales si se abusa de ellos. Y si contamos los que juntamos y mezclamos cada día en nuestra víveres, podemos tener cifras alarmantes. Y todos sabemos que aditivos autorizados durante muchos abriles luego se acabaron prohibiendo.

¿Qué mal nos hacen?

Algunos colorantes se han relacionado con hiperactividad en niños y podrían empeorar el asma y las alergias. Incluso se les atribuyen posibles artículos cancerígenos o daños hepáticos. Ciertos conservantes podrían provocar problemas en el sistema digestivo (alterando la flora intestinal), en el sistema respiratorio, dolor de individuo, irritabilidad, vómitos…

¡…!

Mezclados con otros aditivos podrían producir desórdenes neurológicos y artículos carcinógenos. Sobre los edulcorantes existen estudios contradictorios, se sospecha que algunos podrían provocar tumores, alteraciones genéticas, depresión, empeorar la diabetes, aumento de peso, alteraciones del sistema inmunitario… y muchas reacciones severas como confusión, pérdida de memoria y cefaleas.

¿Y los potenciadores del sabor?

Se los relaciona con problemas de hiperactividad e irritaciones cutáneas. Entre estos, los glutamatos podrían provocar dolor de individuo y hormigueo, y todavía se los relaciona con la aparición de pensamientos suicidas, problemas de visión, incremento del apetito…

¿Son necesarios?

En muchos casos es posible encontrar un producto similar mucho más sencillo. Un muslo cocido de buena marca suele resistir un porcentaje de carne inferior al 75%; el resto es agua, sal, azúcares, conservadores, estabilizantes, gelificantes, aromas y potenciadores del sabor.

¿La alternativa?

Podemos encontrar otros con un porcentaje anciano de carne y con un solo aditivo que encima resulta que es vitamina C. Está claro que se puede hacer. Por eso es imprescindible descubrir las etiquetas, comparar y nominar lo mejor. Hay que evitar las grasas hidrogenadas y los azúcares, pero sin cambiarlos por edulcorantes; y los productos muy procesados.

Comida viva.

Sí, hay que comprar cosas reales, que el zumo sea zumo, que las lonchas de pinrel no sean grasas coloreadas, que la carne no sea un porcentaje que incluya féculas, almidones, azúcar, cuajo, colorantes y potenciadores del sabor.

Y mucho cuidado con la pastelería, los postres y los snacks salados. Si leemos “caramelo” en la epíteto de un refresco, se tráfico de un colorante que puede estar manufacturado con amonios y sulfitos, considerados cancerígenos. Una sola envase de nalgas podría contener hasta un 800% de la cantidad máxima recomendada por día de estos subproductos.

Más sobre Samper.. El Friki de los números E

Samper es un hombre cotilla que ya de muy muchacho se interesó por lo que contenían los alimentos. Un friki que leía etiquetas en los abriles noventa e investigaba qué significaban esos extraños números E, una curiosidad que se convirtió en preocupación con el principio de su primer hijo. Con el tiempo fue acumulando información. “Ayer de ser inspector de educación fui profesor, he trillado cómo se alimentaban los niños, que son los que más sufren el exceso de aditivos, y me parecía muy egoísta no compartir ese conocimiento”. Así nació Cicerone definitiva para interpretar etiquetas alimentarias (Arcopress), trabajo concienzudo con una práctico de los aditivos que evitar, una selección de fuentes bibliográficas y enlaces web.