Kong: La isla calavera | infominuto.com

Kong: La isla calavera

La nueva película llega con un nuevo enfoque para contar desde el principio y en otro contexto la historia del ciclópeo primate

por Agencias

Madrid, España.- En The Dictionary of Imaginary Places, páginas 615 y 616 de la tirada actualizada y ampliada en 2010, Alberto Manguel y Gianni Guadalupi ubican la isla Calavera (Skull Island) en el océano Índico, al sudoeste de Sumatra.

La describen como un ocupación típicamente tropical, muy cálido y envuelto por una rico niebla, en el que sólo llueve durante la temporada monzónica, con poco singladura y aguas calmas.

La isla se extiende con destino a una península, separada de un gran declive por una tabique de madera levantada por una vieja civilización humana para acogerse de un ciclópeo simio llamado Kong, al que veneran.

Incluso cuentan que la fauna de la isla conserva cierta identidad prehistórica. Allí encontramos dinosaurios, lagartos e insectos gigantes, reptiles voladores. La cita culmina con una frase risueña: “Kong dejó la isla en una ocasión con motivo de un delirio a Nueva York, pero esa recepción no resultó exitosa”.

Entre el mito y la historia

Ese cruce quimérico entre ilusión, mito e historia alimenta el cine desde 1933, cuando los documentalistas Ernest B. Shoedsack y Merian C. Cooper llevaron al cine por primera vez la historia de King Kong. La película se convirtió en cartel por múltiples razones.

Tal como cuenta el diestro Diego Curubeto en su diccionario de cine bizarro, logró que la técnica de animación cuadro a cuadro (stop motion), que ya venía aplicando el habituado Willis O’Brien, alcanzara su máxima expresión.

Y incluso exploró en profundidad el mito de la bella y la bestia. “La idea del mico exagerado enamorado de la rubia ingenua es absolutamente absurda, pero evidentemente logró tocar algún resorte oculto en la mente de millones de espectadores, convirtiendo King Kong en una de las películas más famosas de la historia del cine”, reflexiona Curubeto.

En verdad, esta conducta aparece conectada a lo que Manguel y Guadalupi cuentan en torno a de la cartel de la isla Calavera: para evitar que Kong los ataque y mantenerse protegidos, los nativos del ocupación le entregan de tanto en tanto a la monstruosa criatura una novia, a modo de sacrificio.

Aquella primera y extraña conexión romántica entre el colosal primate y la rubia Fay Wray siguió con Jessica Lange, Naomi Watts y, ahora, Brie Larson, una de las protagonistas de Kong: la isla Calavera (Kong: Skull Island), cinta que ya llegó a cines nacionales.

La película se rodó en exteriores de Hawai, Vietnam y Australia de atrapante belleza natural. El vigoroso relación que incluye, adicionalmente de a Larson, a Tom Hiddleston, John Goodman, Samuel L. Jackson, Toby Kebbell, John C. Reilly, Corey Hawkins, John Ortiz y Jason Mitchell, representa y personifica las múltiples connotaciones que tiene la historia.

Hay científicos, soldados, empresarios codiciosos, aventureros desprendidos y hasta algún sobreviviente llegado desde el fondo del pasado. Todos se mueven en un entorno que Vogt-Roberts quiso que fuese lo más natural posible, más allá de los bienes visuales que dieron vida a horripilantes criaturas. Apuntó Hiddleston que la producción dedicó entre nueve y diez meses a la búsqueda de locaciones.

La historia del primate más distinguido del cine (y seguramente el más alto de todos) vuelve aquí a contarse desde el principio, pero con varias claves novedosas. La más trascendental tiene que ver con el contexto histórico, rebuscado y cinematográfico desde el que se concibe la argumento.

La trama viaja desde la lucha en el Pacífico entre estadounidenses y japoneses durante el posterior tramo de la Segunda Refriega Mundial hasta 1972, cuando Estados Unidos está a punto de culminar otra contienda bélica (su desastrosa irrupción en Vietnam).

Este nuevo entorno quedó, inesperadamente para muchos, en manos del director Jordan Vogt-Roberts, cuyos historial tienen que ver con la comedia televisiva menos estructurada (Funny or Die, Mash Up) que con un plan de gran escalera impulsado desde Hollywood.

“A comienzos de los 70 el mundo era un caos -le contó Vogt-Roberts al diario inglés The Guardian- y me atrapó la idea de utilizar ese contexto como un punto de entrada a la historia. Imaginen la situación: masa que está en el medio de revoluciones sexuales, disturbios raciales y guerras perdidas es llevada a una isla que permanece igual desde la prehistoria. Ningún humano la tocó. Hay una situación de catarsis generalizada en torno a de todo esto”.