Los perfumes afrodisíacos no aumentan el atractivo


Las feromonas son sustancias químicas que desempeñan un papel secreto en el comportamiento sexual de los animales. Son secretadas por el cuerpo y reconocidas por animales de la misma especie. Desde hace dos décadas, dos moléculas se venden con el apelativo de feromonas humanas, aunque no existe ninguna prueba científica de que en realidad funcionen como tal. La androstadionona y el estratetraenol se comercializan en colonias o en concentrados no perfumados, con la promesa de aumentar la seducción sexual de los compradores.
Sin secuestro, un estudio desmitificó la creencia, ya que descartó la poder en seres humanos de los agregados utilizados para elaborar perfumes con supuestos mercadería afrodisíacos. No tienen ningún impacto trascendental en el nivel de seducción de las personas, de acuerdo a la investigación publicada en la revista Royal Society Open Science.
Los investigadores australianos que llevaron a parte el estudio expusieron a 94 heterosexuales (43 hombres y 51 mujeres) a las dos sustancias durante un día y a un perfume refrendador el día subsiguiente. Tras cada exposición, los participantes tuvieron que observar fotos de caras neutras (con el mechones escondido y sin maquillaje) y determinar si se trataba de un hombre o de una mujer, poco que las feromonas deberían suministrar. Igualmente se les pidió que evaluaran el nivel de seducción o el peligro de infidelidad de personas del sexo opuesto que aparecían en fotos.
“Los resultados concuerdan con los de otros estudios experimentales que sugieren que la androstadionona y el estratetraenol tienen pocas posibilidades de ser feromonas humanas” susceptible de afectar al hombre, indicaron los autores del test. A su vez, no excluyeron que puedan afectar la evaluación de la seducción o de la infidelidad, aunque consideran “muy poco probable” que se trate de las dos sustancias estudiadas.
En un precursor estudio publicado en marzo de 2015 en la revista Proceedings of the Royal Society B, el biólogo Tristam Wyatt, de la universidad de Oxford, ya afirmaba que las supuestas feromonas humanas que se podían encontrar en el comercio no tenían almohadilla científica. Y añadía que los recién nacidos eran probablemente “la mejor pista” para percatar(se) la primera feromona humana, ya que su comportamiento es menos complicado de estudiar que el de los adultos.