Marichuy visita pueblos zapatistas y critica trampas del INE a su candidatura

“A muchos compas les gusta Marichuy”, dice Alba, mientras unas 4 mil personas de bases de apoyo del EZLN sacan sus paraguas para guarecerse de la tormenta. La novicio elemento de los Tercios Compas, los comunicadores zapatistas, trae pasamontaña y una Canon colgando en el cuello, y dice que le encanta que una mujer haya sido elegida para un cargo tan prestigioso como el de vocera del Concejo Indígena de Gobierno (CIG).

Estamos en el Caracol de La Carrillo, uno de los cinco “centros administrativos” zapatistas. Debajo de nosotras centenares de milicianos del EZLN marchan formando dos filas de vallas humanas, hasta crear un corredor que conecta la entrada del Caracol con un círculo. Visten pantalones verdes y camisas cafés, llevan paliacates amarrados al cuello y unas gorras. Desde sus cinturones cuelgan linternas y machetes, algunos llevan pasamontañas de mechón y otros de tela para tener mejor el calor húmedo de la Lacandona. Aferran sus toletes y quedan parados y firmes debajo la tormenta durante horas, en paciencia de Marichuy y de los demás integrantes del CIG.

La Comandanta Rosalinda camina entre los milicianos grabando un video con su Smartphone, mientras que desde el altoparlante alguno calienta los ánimos:

– ¿Están contentos compañeros?

– ¡Sí!

– ¿Están agüitados?

– ¡No!

La tormenta se calma un poco. El altoparlante da avisos en tzeltal y una partida toca una lectura norteña de “Qué nadie sepa mi sufrir”. Las bases de apoyo del EZLN y las personas de las comunidades no zapatistas que acudieron al evento – los autonombrados “neutrales” – empiezan otra vez a patalear consignas, levantando los puños a la vez.

– ¡Pimiento, tomate, cebolla, el capitalismo se va a la olla!

– ¡Mujeres, mujeres unidas, nones serán vencidas!, gritan hasta los hombres.

Por fin aparece Marichuy, anunciada por unos cohetes. Atraviesa el corredor formado por los milicianos de mano con dos mujeres zapatistas, lleva un collar de flores y está cubierta de confetis.

– ¡No que no, sí que sí, la vocera ya está aquí!

Las consignas se oyen más resistente, la tormenta se convierte en aguacero. La multitud besalamano a la vocera del CIG, intenta acercarse a ella, la graba con su celular.

– ¡Marichuuuuuy!

Esta mujer nahua de carácter reservado ya es una destino en Chiapas, pero no parece explotar su popularidad. De hecho, el esquema del Congreso Franquista Indígena (CNI), que actualmente reúne pueblos hablantes de 39 lenguas originarias, tiene como enfoque principal la constitución de un Consejo Indígena de Gobierno con la intención de “poner de inicio al país”. La candidatura de su vocera a las presidenciales de 2018, que se dará al conquistar recoger unas 850 mil firmas en 17 estados de la República, parece más adecuadamente una logística mediática. El plan del CNI no es tanto ingresar los comicios, sino organizar una paseo doméstico durante el periodo de la campaña electoral con la finalidad de tildar la multitud del campo y de la ciudad a organizarse para “tejer desde debajo una telaraña tan excelso que sea capaz de perdurar los tiempos venideros”, para “organizar dolores”, y “ hacer retemblar en sus centros la tierra”.

De hecho, en cada una de las etapas de la paseo del CIG – que se realizó del 14 hasta el 19 de octubre en región zapatista, cruzando los Caracoles de Morelia, La Carrillo, Roberto Barrios y Oventic, la comunidad zapatista de Guadalupe Tepeyac y la ciudad de Palenque -, los discursos de Marichuy nunca vinieron solos. Siempre fueron acompañados por las intervenciones de representantes del CIG, y siempre fueron mujeres quienes tomaron la palabra. Los altos mandos del EZLN, como los subcomandantes Galeano y Moisés, dejaron espacios a sus compañeras comandantas.

“Cada vez que asesinan, que desaparecen, que encarcelan injustamente a un hijo, a una hija, somos nosotras las mujeres las que sentimos el más profundo dolor”, dice Marichuy mientras que la neblina espesa de los Altos de Chiapas cubría el Caracol de Oventic. “Pero precisamente porque somos las que sentimos el más profundo dolor, porque vivimos la maduro de las opresiones, asimismo nosotras las mujeres somos capaces de percibir la más profunda de las rabias. Y entonces debemos ser capaces de transfigurar esas rabias en estructura con el fin de acaecer a la ataque para desmontar el poder de en lo alto, construyendo con determinación y sin miedo el poder de debajo. Entonces, hermanos y hermanas, esta es nuestra ataque”.

Pero en el Caracol de La Carrillo las palabras de las mujeres indígenas casi no se escuchan. El aguacero cae tan resistente en la lamina del mirador prestado a los periodistas que tapa cualquier sonido. Debajo, en la explanada central del Caracol, la multitud no se mueve de un milímetro y sigue cubriéndose con sus paragüas.

“Compañera Marichuy, te pedimos que lleves este mensaje en la paseo a las otras compañeras mujeres del campo y de la ciudad de este país México y del mundo, que se organicen, que se unan, que ya no se dejen engañar por el mal sistema capitalista”, afirma desde el templete de La Carrillo la Comandanta Rosalinda, a nombre del CCRI-Comandancia Militar del EZLN.

La tormenta se acaba casi al mismo tiempo que el evento. Aparecen unos mariachis encapuchados que tocan “Cielito precioso” para compartir la salida del templete de Marichuy y de los concejales del CIG, mientras que la multitud forma una posaderas en frente a la Casa de la Acoplamiento de Buen Gobierno. Allí es donde, a partir de hoy, se puede firmar en apoyo a la candidatura de la mujer nahua en las elecciones presidenciales.

No son encapuchados, de hecho los zapatistas no pueden firmar pues no tienen credencial de votante. Tal vez son personas que viven en las comunidades no zapatistas de esta zona selvática que rodea la ciudad de Ocosingo, quizás pertenecientes a una de las 232 comunidades de Chiapas que entraron en el CNI en los primeros seis meses del año, tras la propuesta de constitución del CIG.

– Primero las compañeras con niños en brazos, dice un voluntario que intenta organizar la posaderas en frente a la Casa de la Acoplamiento de Buen Gobierno del Caracol de La Carrillo.

Una muchacha sentada en la entrada explica cómo confesar si su propia credencial de votante está actual, y asegura quienes no la tienen de que hay tiempo, que en los próximos meses habrán brigadas en las comunidades para registrar las firmas.

Adentro, los voluntarios sacan fotos a las credenciales con un celular, para principiar el proceso de registro de las firmas. “El INE nos impuso esta dificultad del uso de celulares para recoger la firmas de apoyo, pero juntos podemos superarla”, dice un cartel colgado en la entrada de la Casa de la Acoplamiento de Buen Gobierno.

Son varias las trampas que, de acuerdo a Marichuy, han sido puestas por el INE en su camino a las elecciones: el cerco de su cuenta de correo electrónico, el espacioso tiempo requerido para el registro de las firmas, el hecho de que en la letanía de los celulares aptos para su cosecha se encuentran dispositivos que en ingenuidad no funcionan.

Las firmas recogidas en La Carrillo no serán enviadas directamente al INE, pues aquí no hay conexión de Internet. Desde que la caravana del CIG llegó en esta zona del Estado de Chiapas, no existe conexión telefónica ni siquiera en las ciudades de Altamirano y Ocosingo. Aquel mismo día, mientras que en La Carrillo se preparaba la bienvenida a la caravana, unos periodistas tuvieron que correr a San Cristóbal de Las Casas para poder cursar su trabajo. Saliendo de Ocosingo encontraron en la carretera a unos técnicos de Telmex, que afirmaron que un cable había sido cortado.

“Aún con todo esto no daremos un paso detrás”, anunció Marichuy desde el Caracol de Oventic. “Recorreremos el país con una dietario doméstico que se unirá al tejido regional en torno a los concejales del CIG, llamando a los pueblos, colectivos, organizaciones y personas no organizadas en todo el región de esta nación a vernos en el espejo de lo que somos todos juntos”.