Museo de la moda celebra los 20 años del diseñador más misterioso

París presenta por vez primera una retrospectiva de los vigésimo abriles de trabajo del misterioso belga Martin Margiela, señalado por los críticos como el diseñador más revolucionario e influyente de los últimos 30 abriles. Es la primera primera exposición del Museo de la Moda de París desde que la española Miren Arzalluz ocupa la dirección. 

 

Pese a no haberse mostrado nunca tras los desfiles ni conceder entrevistas, ha colaborado activamente en la muestra, que abre sus puertas este sábado con las creaciones del comediante hasta su retirada en 2009.

 

“Margiela ha sido un creador iconoclasta, rompió los cánones establecidos e introdujo una silueta absolutamente innovadora cuestionando el sistema de la moda”, explica a Efe Arzalluz, quien dirige el Museo de la Moda de París desde comienzos de año.

 

 

 

Este distinguido diseñador nació en Lovaina en 1957, es uno de los emblemas de la Vivo Escuela de Bellas Artes de Amberes, donde se diplomó en 1980 antaño de entrar en las oficinas de Jean-Paul Gaultier, a quien asistió durante casi cuatro abriles.

 

 

A partir de 1987, con la creación de la firma Maison Martin Margiela, comenzó el mito: las modelos desaparecen detrás de máscaras de muselina, aparcamientos y estaciones de metropolitano se convierten en el marco de los desfiles. Lo único que importa es la ropa.

 

La prensa lo situó en el deconstructivismo porque estudiaba la ropa como si fuera edificación, llegando hasta la propia estructura de la prenda para hacer poco nuevo.

 

 

Así, cuestionó todas las bases de la industria y la concepción misma del traje a través de un conocimiento profundo de la sastrería y un perfeccionismo mayúsculo.

 

Las creaciones más icónicas del creador han sido revisadas con lupa para comprender hasta qué punto fue el primero en muchos campos, introduciendo el reciclaje en la incorporación moda, reconstruyendo piezas de siglos pasados o convirtiendo patrones de costura y el forro de las prendas en ropa tira para soportar.

 

La tendencia pasó a un segundo plano en el universo de Margiela, mucho más preocupado por revisar su trabajo, como sucedió en 2000 con su colección “Oversize”, en la que agrandó toda una tangente al equivalente a una talla XXXXL, carencia que ver con la silueta extremadamente ajustada en novedad en la época.

 

Las cinco colecciones consecutivas, hasta la primavera de 2002, las dedicó a seguir ahondando ese mismo concepto.

 

La exposición recupera sus hombros sutilmente levantados, que huyeron de las rígidas hombreras de los abriles ochenta, o sus zapatos “tabi”, una interpretación renovada de los “jikitabis” japoneses que separan el dedo tocino del pie del resto facilitando la estabilidad del cuerpo, el maniquí más reconocido de la firma, asiduamente reeditado.

 

 

“Es algún que no solo tiene una visión alternativa de la mujer, incluso de su cuerpo, sino que cuestiona principios fundamentales del sistema de la moda”, comenta Arzalluz, una de las mayores especialistas en la figura del modista Cristóbal Balenciaga con quien encuentra grandes paralelismos con Margiela.

 

Varios ejemplos de ello son su perfeccionismo, la idea de ofrecer a la mujer “una forma diferente de moverse, de presentarse y de ser”, o la audacia de no dar entrevistas y prolongar un perfil desconocido para que su trabajo hable por él, agrega.

 

“Una forma de ampararse pero asimismo un principio fundamental fundamental”, dice la directora del Palais Galliera, que acoge la muestra hasta el 15 de julio.