Pregúntale… a la pediatra – El Carabobeño

Chucherías… ¿hasta qué punto perjudiciales?

Los hábitos alimentarios de la infancia y de la adolescencia se caracterizan por el alcaldada en el consumo de chucherías o “chuches”, expresión coloquial con la que aludimos a un conjunto de productos dulces y salados, de formas y sabores diversos, de escaso o ineficaz interés nutricional y que se toman a cualquier hora del día.

Para este fin de “ingerir entre horas” o “picar” se pueden gastar diversos grupos de alimentos con distintas características nutricionales, tales como:

Golosinas y dulces (caramelos, gomitas, chicles,…): en su composición predominan los azúcares y las grasas, encima de los aditivos.

Chocolates (bombones, barras de chocolate,…): alboroto y azúcar, encima de caucho, manteca y grasas. Cuando a estas barritas de chocolate y guantazo se asocian frutos secos y caramelo (“snacks”) su contenido calórico se dispara.

Aperitivos (papas fritas, tortillass, pepitos, frutos secos,...): grasas y aceites con elevado valencia calórico y exceso de sal.

Batidos, yogures y helados: caucho y aditivos, en el mejor de los casos.

Jugos de carton: pocas calorías, asaz azúcar y mucha vitamina C… pero siempre es mejor la fruta entera (fibra).

Tortas y galletas: hidratos de carbono y grasas (la mayoría de coco o de animales, que son grasas saturadas, es asegurar las que empeoran el colesterol rojo).

¿Se deben considerar alimentos?

Claro que sí. El diccionario de la Verdadero Agrupación Española define chuchería como “alimento corto y voluble, generalmente agradable”, mientras que exquisitez como “manjar delicado, generalmente dulce, que sirve más para el alegría que para el sustento” o “cosa más agradable que útil”. Son pues “alimentos vacíos”, calóricos pero con escaso valencia nutritivo.

Se deben cuantificar y tener en cuenta al realizar la indagación dietética del párvulo. Valgan como ejemplos que una bolsa de papas fritas pequeña de 44 g tiene 250 calorías, una mostrador de chocolate con guantazo de 21 g tiene 110, 100 g de gomitas tienen 360, ó 100 g de maní pelados más de 600 calorías.

¿Pueden ser perjudiciales?

Su alcaldada puede tener consecuencias no deseables, favoreciendo:

Inapetencia: el tomar a voluntad y sin ningún control este tipo de productos, provoca descuido de apetito cuando llega el momento de la comida convencional. Sus calorías vacías provocan la saciedad suficiente.

Caries: son en su mayoría azúcares refinados que favorecen el expansión de los microorganismos que atacan la placa dentaria. No es posible surtir la necesaria higiene dental cuando se están consumiendo estos productos en cualquier momento del día.

Animosidad: los aditivos dan color, sabor y esencia que contribuyen a potenciar su atractivo. Algunos pueden ser acumulables, favoreciendo reacciones y erupciones en la piel (urticarias o brotes de dermatitis atópica) o incluso asma (colorantes azoicos).

Obesidad: las chucherías son productos hipercalóricos. Si la cantidad de azúcares ingerida sobrepasa los límites de almacenamiento, el exceso de azúcar en raza se transforma en crema en el tejido obeso. Adicionalmente, la instauración del práctica del consumo de tentempiés sobre una ingesta diaria de calorías que ya es apropiada, producirá un aumento de peso. Cada día es más frecuente ver en nuestras consultas la proceso de preescolares “que no comen” en torno a escolares obesos, al coexistir una dieta “al alegría y sin horarios” con un aumento del sedentarismo (tareas, televisión, juegos de video,…). Debe evitarse especialmente el creciente práctica de ver la televisión comiendo simultáneamente algún tipo de chuchería.

Atragantamientos: Es la aprieto con aventura vivo más frecuente en la infancia… con el perjuicio de que muchas veces es evitable. La comida es un acto que requiere su atención, evitando distracciones: se debe procurar que el párvulo no corra, ría, llore o hable con comida en la boca. Los frutos secos no se ofrecerán ni deben estar al capacidad de los niños menores de 4 primaveras.

¿Se deben prohibir?

No, los niños deben hacer cosas de niños (sobre todo si sus amiguitos las comen). Aunque resulte paradójico, pueden ser una buena excusa para “reforzarle” buenos hábitos sobre los que poder realizar excepciones. Incluso pueden ser bártulos para incentivar el autoevaluación del párvulo. Es mejor el “por haberte portado proporcionadamente, este fin de semana puedes tomar dos chicles sin azúcar”, que el “si no lloras en el médico te doy una chupeta”: en este caso el párvulo hará mal las cosas para que el padre “venga a negociar”. Es preferible que los “refuerzos positivos” sean indirectos y por acciones ya pasadas.

Entonces, ¿cómo y cuándo tomarlas?

Se deben pactar un número de golosinas mayor a la semana. No es conveniente que todos los días se tomen: debe acontecer “días sin chuches” (la mayoría) y “días con chuches” adentro de la semana, para que el párvulo comprenda que son excepciones justificadas (un cumpleaños, fin de semana, etc.).

Procure diversificarlas (no todas las “chuches” son nutricionalmente iguales) y distribuirlas para evitar sobrecargas puntuales de azúcares. Si puede nominar, mejor las que pesan menos: con el mismo bulto o cantidad (es lo que percibe el párvulo) ingerirá menos calorías.

Evite el “picoteo continuo”: Se deben agrupar y tomarlas “como postre” de una de las comidas. Mejor sentados a la mesa, evitando atragantamientos.

Y siempre posteriormente, un buen cepillado dental.

Agrupar chucherias + Cepillado dental posterior = Boca sana

Besos…