Un tríptico evoca el sacrificio de san Pedro en Roma en su 1.950 aniversario

El tríptico ha sido la última creación de Ydáñez (Puente de Génave, Jaén, 1969) en la agrupación y se basamento en la técnica del “non finito”: en una primera tela esboza el dibujo, en la segunda completa una parte de la pintura y en la tercera realiza la obra terminada, basada en la “Crucifixión de San Pedro” de Caravaggio.

La primera tela se expone en el interior del claustro, la segunda se observa en el trayecto cerca de el templete y la tercera directamente en el interior del mismo, una construcción que se remonta a los primeros abriles del siglo XVI, obra del arquitecto Donato Cordoncillo por petición de los Reyes Católicos.

El templete se erige en uno de los patios del claustro franciscano del Cordoncillo en Roma que forma parte de la Agrupación de España en la ciudad, que expone el tríptico de Ydáñez durante este mes de julio.

“Empecé a pintar simplemente por gustillo (…) y me gustó mucho la grado en la que estaba el cuadro sin terminar, respetando el dibujo y con muy poquita parte pintada”, explica el intérprete sobre el proceso de creación.

La segunda y la tercera tela dan extensión a un trío de obras de dos metros treinta por dos metros cada una que según Ydáñez recuerdan “tres fotogramas (…) lo que le da más dramatismo y movimiento a la espectáculo”.

Explica igualmente que la obra es “una colmo mágica” a su residencia en la agrupación gracias a que une su pasión por el Barroco con su estancia en San Pietro in Montorio adaptado durante el aniversario de los 1.950 abriles del tormento.

Encima, reconoce que las tres obras pueden hacer relato a la triple falta de Pedro sobre Cristo, y es que el número tres “es un número muy rotundo para los clásicos porque simbolizaba la perfección (…) cosa que cogió igualmente la iconografía católica con la Santísima Trinidad”.

El autor se siente “contentísimo” con su obra, que considera “muy dinámica, potente y sintética igualmente, donde la pintura vuela, fluye, y se relaciona muy adecuadamente con el dibujo y la frescura que tienen los trazos del carboncillo”.

Destaca igualmente que es la primera vez que incorpora el dibujo con esa claridad en una obra pictórica, dejándolo, y el hecho de que sea su primer tríptico, “en el que confluyen a la par dibujo y pintura, de tú a tú”, aunque desde el punto de audiencia técnico sí reconoce su estilo “fresco y casi a hachazos”.

En cuanto a la obra de relato, el castellano opina que Caravaggio “tiene un sentido de la escenografía mágico, y este es su valía verdadero” y considera al revolucionario adiestrado milanés “capaz de inventar imágenes y escenas muy dramáticas y arriesgadas, modernísimas hoy en día y en su época”.

Ydáñez lo compara con Ribera, que, en su opinión, “es mejor pintor que Caravaggio hablando de cómo se deposita la pintura en el sábana” porque “si pones un cuadro al banda del otro la materia fluye en Ribera, es carne, mientras que en Caravaggio no, está un poco muerta”.

“Pero la escenografía de Caravaggio es salvajemente colosal y me ha servido de inspiración, porque Ribera en ese dominio es un poco más clásico”, se explaya en la comparación, ya que su primera idea era pintar un dibujo de Ribera de la crucifixión en el Museo del Prado que hará “más tarde o más temprano”.

El pintor se lamenta del fin de su estancia en Roma porque es una ciudad de la que es “difícil despegarse” y la banda de nueve meses “se hace corta porque al final es cuando salen los mejores trabajos”.

Tras su período como residente en la agrupación, Ydáñez inauguró el pasado 23 de junio una muestra individual en el Centro Arte Contemporáneo (CAC) de la ciudad española de Málaga, comisariada por Fernando Francés, mientras que a partir del 15 de julio expondrá en el White Box Museum de Pekín durante un mes. EFE