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Una vida dedicada al universo fashion

En 1988, cuando imperaba en las pasarelas el estilo Dinastía, una mujer británica cambió las directrices de la moda

por Agencias

Ciudad de México.- Anna Wintour se crió en el seno de una comunidad con vena periodística, su padre, Charles Wintour, se convirtió en el editor del diario London Evening Standard. El conocido como Chilly Charlie (por su fría personalidad), en su círculo íntimo, dictó el destino en el mundo fashion de la hoy Dama de La Orden Más Excelente del Imperio Inglés.

“Creo que mi padre decidió por mí que debía trabajar en la moda. No reminiscencia qué formulario debía completar. Tal vez haya sido una especie de admisión. Al pie decía: ‘objetivos de carrera’. Y cuando vi eso dije: ‘¿Qué hago?’ ‘?Qué escribo?’. Él dijo: ‘Escribe que quieres ser editora de Vogue, claro’. Eso fue todo, se decidió”, relató Wintour.

Con la osadía de su padre, y al final de ella misma, en mente, Anna inició una carrera en la industria de la moda. Fue precisamente el señor Wintour quien la colocó en una prestigiosa boutique y la alentó a tomar cursos de moda. Sin secuestro, la muchacha prefirió no continuar con la instrucción académica. Desde un principio lo tuvo claro: “O sabes de moda, o no”, expresó.

El primer despido

Anna recorrió un amplio camino antiguamente de ser considerada una de las mujeres más poderosas de los Estados Unidos y por supuesto, en la industria de la moda. Lo mismo dejó el país nativo para aventurarse a suelo norteamericano, donde probó, por ejemplo, la desaprobación de sus jefes y por ende su despido de la revista Harper’s Bazaar, en 1975.

“Todo el mundo debería ser despedido al menos una vez. Esto te obliga a mirarte a ti misma. No lo parecía entonces, pero definitivamente fue poco bueno por todo lo que me enseñó.

Es importante tener contratiempos, porque así es la vida auténtico. La perfección no existe”, compartió Wintour en el compendio Winners and How They Succeed (Ganadores y cómo tienen éxito).

Posteriormente del traspié, Anna continuó trazando su sendero al éxito, dictando nuevas formas de acercarse al notorio en diversas revistas: Viva y New York, como editora de moda. Su objetivo se vería más claro, en 1986, cuando fue señal de nuevo a Londres para ingresar a la tiraje británica de Vogue.

Su bandera para editar los contenidos de la publicación se mantiene hasta la hogaño: “(Quiero arribar a) un nuevo tipo de mujer. Está interesada en los negocios y en el efectivo. Ya no tiene tiempo para comprar. Quiere conocer qué y por qué, dónde y cómo”, explicó en una entrevista para el London Evening Standard.

Cumple su sueño

En 1988 Anna consiguió el sueño de su padre y el suyo desde la mocedad, Condé Nast la llamó para hacerse cargo de la tiraje norteamericana de Vogue, la “Nuevo Testamento” de la industria de la moda. Bajo su liderazgo, la revista ha conseguido ganancias en publicidad de más de 350 millones de dólares al año.

Gran admiradora de Diana Vreeland, Wintour siguió su herencia: utilizar fotos llamativas y de temas novedosos para las portadas. Esa intuición la llevó a adelantarse a su época y ser en parte responsable de la celebrity culture, al poner en la comprensión de “su” revista a personalidades como Madonna, Nicole Kidman, Renée Zellweger y Hillary Clinton.

Su voluntad se cumple interiormente y fuera de las oficinas de Condé Nast. Diseñadores, fotógrafos y modelos se mueven de acuerdo al ritmo que Wintour decida interpretar. Para alcanzar tal intención en las personas, la escritora tiene una táctica infalible: “Aunque no seas cierto seguro de ti mismo, finge que lo eres, porque será más claro para el resto de la gentío.

“La mayoría de la gentío duda. Yo decido rápido. Creo que es útil para los que trabajan para ti. En este mundo hace equivocación instinto, ser y replicar rápido”, reveló.

Las ventajas de ser Anna Wintour

Dirigir la revista más importante del imperio de lo efímero tiene sus retribuciones y obligaciones. Anna debe estar irresoluto siempre de relumbrar una imagen cuidada, para ello cuenta con el apoyo de todo tipo de profesionales. De acuerdo con filtraciones, se dice que Vogue le paga al año 200 mil dólares para su arcón personal.

Su rutina cotidiana incluye levantarse a las 05:00 horas, por lo militar juega tenis -aunque hace poco trascendió que se ha alejado un poco del deporte blanco por ciertas dolencias- para conservarse en la talla cuatro. Luego, a las 08:00 horas, está nómina en su oficina.

De todo, “su punto débil” (prueba de su humanidad) son sus hijos: Charles y Katherine Schaffer, antaño, a las 18:00 horas suspendía sus actividades para estar con ellos, “la revista va a estar ahí siempre, al día subsiguiente”, era su argumento.