Venezolanos ven apuestas como solución a crisis económica

Venezuela

“¿La ballena, el perro o la cebra?”, se audición mientras los jugadores hacen fila para hacer sus apuestas en una pequeña saldo de sorteo en Catia, una barrio popular de Caracas. 

Veruska Torres, de 26 primaveras, se graduó de técnico superior en botiquín y trabajaba como ayudante en una droguería. Cuando perdió su trabajo posteriormente de tener un hijo encontró una opción en un solaz de sorteo llamado “los animalitos”, que consiste en nominar de entre 38 animales y paga 30 veces lo apostado.

“El efectivo me sirve para comprar comida para la casa y los pañales para el bebé. Lo más importante”, dijo Torres con su hijo en brazos luego de apostarle a la cebra. Juega entre 15 y 18 animalitos por día en ocho sorteos diarios. 

Aunque no hay cifras que permitan trazar una tendencia, vendedores en centros de apuestas entrevistados aseguran que las filas suelen ser largas. Además concuerdan en que muchos pierden más de lo que ganan, pero eso no disminuye la demanda en medio de una recesión que se acerca a su cuarto año y que evapora los salarios. 

Expertos explican que, encima del costado crematístico, el azar es una vía para distraerse de la aguda crisis, que tiene a millones de familias saltándose comidas, por precios que suben cada semana y la escasez de alimentos y medicinas.

“En crisis como la que vivimos, la multitud bebe y juega más, es una forma de escapar de la ingenuidad, a lo que se suma, que es una forma de conseguir para comprar la comida”, explicó la psicóloga Rosa García, de 51 primaveras, en el estado rural Barinas.

En YouTube, dónde asimismo se transmiten los varios sorteos diarios de los animalitos, los videos que enseñan cómo “percibir” cuentan con más de 500 mil visualizaciones. Varias empresas privadas venden estas rifas y la más popular tiene más de 100 mil seguidores en Twitter.

El país con las mayores reservas de crudo del mundo asimismo tiene escasez de efectivo en efectivo. Economistas aducen que los precios se aceleran tan rápido, que la impresión de efectivo no le sigue el paso, aunque las autoridades culpan a mafias de amontonar el efectivo.

Es por esta errata de efectivo, que imposibilita muchas operaciones diarias, por lo que los jugadores asimismo se han acercado al solaz de los “animalitos”, que paga al contado.

No es el caso de las carreras de caballos. Los bares y tiendas donde se realiza esta actividad han tenido que cambiar su modalidad y percibir transferencias bancarias electrónicas. En cambio, en los pequeños establecimientos donde solo aceptan billetes, ha bajado la clientela.

“Desde que desapareció el efectivo esto se morapio debajo” se lamentó Paula Carrizal, una vendedora de apuestas hípicas de 30 primaveras, desde un particular improvisado en un galpón en Catia, donde se ven las carreras en la televisión.

No obstante, en el hipódromo de Caracas, un enclave tradicional venezolano que ahora muestra daño y fétidos olores, todavía los gritos de angustia y celebración de los apostadores se mezclan con la salsa a stop bulto.

Varias solicitudes de datos sobre el auge de las apuestas hechas al organismo gubernativo encargado de supervisar las actividades de azar no fueron respondidas, pero los testimonios de los entrevistados dan cuenta del auge.

“Con lo que me gano en los animales como y me ayudo asaz”, dijo Eduardo Liendo, un desempleado de 63 primaveras que perdió su casa recientemente y vive en un carro en Propatria, otra barrio popular del oeste de la caudal.

Juega dos o tres veces al día, y relató que en una semana se ganó el equivalente a la medio del salario pequeño mensual porque apostó al perro todos los días tras la crimen de su mascota.